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HISTORIA DEL KÉFIR

  • Foto del escritor: El administrador
    El administrador
  • 17 ene 2018
  • 1 Min. de lectura

Actualizado: 30 ene 2018

Hay dos clases de Kéfir: el de leche, el de agua.

El Kéfir es un hongo curativo (probiótico) originario del Cáucaso.



Se observó que en el Cáucaso sus habitantes gozaban de buena salud y llegaban a vivir de 110 a 125 años. Allí no conocían el cáncer, ni la tuberculosis, ni tampoco padecían enfermedades de los ojos. Cuando un profesor de apellido Nokimowa se dio cuenta de esto, dedicó toda su vida al estudio del Kéfir. En esencia, estamos ante el cultivo milenario de un hongo del Cáucaso.


El Kéfir ayuda a tratar las enfermedades del sistema respiratorio, del sistema nervioso, las del hígado, la vesícula biliar, los riñones y las de otros órganos. Regula los desarreglos del estomago, los niveles de presión arterial, la diabetes, los triglicéridos y los ataques de la gastritis y previene las infecciones del intestino.


El Kéfir cura las quemaduras y no deja cicatriz de ellas; también sirve para otros problemas de piel como los eccemas, acné, vitiligo, y en general manchas o afectaciones cutánea.


Previene la aparición de caries, es inductor del sueño e impide las nauseas en las embarazadas. Por todo esto se ha afirmado que es curativo y prolonga la vida.

A diferencia de otros alimentos, va del estomago directamente a la sangre.




 
 
 

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